De todos los métodos eróticos de sometimiento, las esposas son las más populares y de las que muchas parejas se dejan enamorar.

Ojos tapados, falta de movimiento y uso de juguetes eróticos como consoladores, vibradores o plugs anales, son propuestas sexuales que acompañan a las esposas eróticas. Son esas que impiden manipular y dejan que él o ella sean manipulados por el otro proporcionándose placer mutuamente por la acción misma de inmovilizar y ser inmovilizado.

Y ya. ¿Parece insuficiente? Para algunas personas es mucho, ya que les induce a sentirse desprotegidos y a entera disposición de su pareja, la cual querrá dominar la situación en beneficio de los dos.

Mujeres y hombres que se rinden a los grilletes más deseados que jamás encontrarán en su vida. Y cuya rendición jamás será tan excitante aunque sean metálicos y recuerden directamente a los de los reos. Porque preso o presa quedará la persona que finalmente se deje esposar bajo la erótica tutela de su pareja.

Pero si la preferencia es el glamur, para eso están las esposas con fru-fru, de terciopelo o con caribú, que cada par crea un determinado estilismo acorde con los momentos que la pareja quiera reproducir en esos momentos.

Por tanto, para la imaginación queda cómo esposar a la pareja para que el juego sea más morboso. Desde la famosa postura en cruz a la cama, a la espalda o a los tobillos por la espalda e igualmente por delante, algo realmente paralizante que muchas parejas se atreven a realizar por las oportunidades de intenso placer que ofrece.

Por cierto, y si alguien ha oído hablar de la hipnosis erótica con esposas, es una de las terapias de nueva aparición en materia sexual para personas con problemas para exteriorizar el placer. Pronto llegarán a nuestro país si es que no lo han hecho ya, pero es curioso observar el poder que ejercen unas esposas en las muñecas de una mujer o de un hombre. Es una sensación que eleva por momentos la libido por escondida que estuviere, sobre todo si se acompaña de estímulos añadidos como plumas, toques con látigo de colas o cualquier otro estímulo que preceda a los juguetes eróticos.

Ideales para espolear fantasías de hombres y mujeres dominantes y sumisos, las esposas no pueden faltar en los juegos sexuales más incendiarios del bondage. Provocan y aumentan la presión de los sentidos un poco primitivos que todo ser humano lleva dentro.