Sexo y perversión es un dúo que suena a caduco, a antiguo. Según el Diccionario de la Real Academia Española, perversión es alterar el buen gusto o las costumbres que son consideradas como sanas o normales, a partir de desviaciones y conductas que resultan extrañas”.

 

El RAE no dice nada del sexo en esta definición, pero la perversión y los perversos siempre tienen un hueco en la mente común de los mortales acompañados de alguien cuyos gustos sexuales son extraños. ¿ Resulta extraño que alguien quiera que le azoten para sentir placer? ¿ Y que lo encadenen por el mismo motivo? Pues no, no lo es porque hay un punto importante de placer para ambos sexos y para ambos miembros de la pareja que lo llevan a cabo en sus escenas de sexo.

 

Y como es privado en el 100% de los casos, en la intimidad sexual puedes sentir placer incluso mirando y a nadie se le ocurre pensar que es una perversión. En todo caso, la perversión debería tener una calle en todas las localidades y convertirse en una palabra muerta, bonita pero muerta o carente de significado a dia de hoy.

 

Al margen de estas consideraciones, hablemos de los azotadores eróticos y de los collares eróticos, que son algo muy divertido y que incendia las pasiones en cuyos dormitorios se sacan para el sexo sin tabúes.

 

Sexo en la mente ergo sexo en el cuerpo y pocas veces es al revés. Pero para quienes unen también un punto de dolor, molestia o sufrimiento para llegar a disfrutar sexualmente, escenificar la dominación es vital. El Bondage vuelve a traernos aquí dos fantásticos complementos arrebatadores que contribuyen a las mejores veladas con todo tipo de adultos enamorados de estas prácticas. Los collares brindan múltiples posibilidades de inmovilización y ofrecen las mejores estéticas para provocar sensaciones muy poderosas a ambos miembros de la pareja. Y las fustas o azotadores resucitan definitivamente el concepto de dominación y “violencia” necesaria en estos casos tan singularmente eróticos.

 

Pocas estampas son tan eróticas como las de alguien dominado por un collar cuyas cadenas lo inmovilizan para estar a meced sexualmente del otro. Y pocas imágenes de una fusta o azotador erótico dejan indiferente a nadie con uno de ellos en la mano. Son, sin lugar a dudas, dos herramientas sin las que el Bondage no sería completo y todos los iniciados reconocerán desear en un momento dado.