Eficacia, elegancia y misterio, además de magnetismo coronan  los adjetivos atribuidos a los todavía no suficientemente conocidos consoladores de cristal. Y si nos referimos a prestaciones,  su público es fiel y está permanentemente enamorado de la magia de estos dildos cuya esbeltez del material hipnotiza y atrapa como un talismán

En la plana mayor de los sex toys más enigmáticos, este aparentemente frágil compañero de juegos sexuales a solas o en pareja, no deja de dominar lo que toca y quienes lo conocen, lo saben.

De material irrompible a pesar de su apariencia débil y distante pero brillante, ninguna de estas definiciones le hacen justicia excepto que es brillante por fuera pero compacto a la hora de empuñarlo. Por ello se sabe que un material de calidad fría que entra en contacto con la piel templada o caliente y el ardor sexual de una batalla erótica, crea un choque térmico sumamente placentero a los que muchos no pueden resistirse. Y de esto precisamente se encarga un consolador de  cristal que se usa junto con su correspondiente gel lubricante efecto frío. Y ya para continuar con los contrastes, si se aplica con lubricante efecto calor.

Por eso cuando hablamos de un producto único en su gama, recordamos  a un público que busca algo especial y singular, un juguete erótico no excesivamente popularizado pero que es fiel cuando lo conoce y aprecia su reflejos, la prestancia y la versatilidad de su tacto. Por eso que, quienes poseen un consolador de cristal tienen confianza plena en sus resultados y saben que les acompañará siempre en sus distintas formas y acabados pero de cristal, para ser exactos.

Como si de unas imàgenes artísticas y caprichosas se tratase, estos dildos transparentes, con base de superficie o empuñadura, cuyo perímetro puede estar tallado para aportar sensaciones extra y añadiendo estética, atrapan sin remisión. Porque el cristal añade sensaciones únicas, como su allegado el hielo.

No es necesario aferrarse a la estética transparente por toda identificación de los dildos de cristal. Porque aunque ésta es su mayor carta de presentación, los hay opacos pero conservando idéntico tacto para perpetuar el sello de su origen y su calidad.

No hay edad ni fecha ni ocasión determinada para usarlos, son como las reliquias que se guardan bajo un encaje exquisito que va traspasando de generación en generación y que todas ellas admiran. Así ven muchos fans de estos mágicos dildos a sus fieles compañeros de juegos a solas.