Parece lógico y hasta imposible no poner los 5 sentidos en un proceso sexual común. Pero no todo el mundo los pone todos ni al mismo porcentaje, cosa que también parece lógica porque cada uno es diferente al otro.

Hacer el amor con el gusto o con el mayor porcentaje de este sentido puesto en el placer que estamos percibiendo, es cosa de pocos. Pero hay que decir que nuestra lengua, ese órgano sexual de segunda según la mayoría, tiene más de 10.000 papilas gustativas que al ser estimuladas, el cerebro las recibe en forma placer en el mismo centro neuronal que el placer del sexo. Osea, que hacer el amor con el gusto no es ninguna tontería aunque lo que se dice saber, sabemos a salado por el sudor en todo caso. Menos mal que los productos del sex shop online con sabores lo ponen más apetitoso.

 

Hacer el amor con el oído también resulta un arte según los expertos. A los hombres parece ser que les gusta que pronuncien su nombre, pero depende del tono, de la vibración, del volumen y sobre todo si ella dice el suyo y no otro, lo cual supondría el cese de la actividad ipso facto, claro. En general, hablar en el sexo distrae y no compensa, por lo que es mejor emitir sonidos agradables y evitar los gritos, las estridencias o los sonidos guturales estrepitosos para no asustar al otro.

 

En lo tocante al olfato, aquellas personas que lo tienen muy desarrollado disfrutarán y lo lamentarán a partes iguales dependiendo de lo que perciban en esos precisos momentos. El aroma va directamente al cerebro y es capaz de discriminar las sensaciones buenas de las malas, creando recuerdos buenos o malos. Así que los perfumes del cuerpo –no ponerse perfume en las zonas que pueden ser lamidas- se quedarán en la mente si son buenos y se asociarán a las vivencias en este caso sexuales.

 

Ver y mirar parecen lo mismo pero hay matices que diferencian la acción. Hacer sexo mirando es lo más difícil porque requiere una concentración de la que se carece entre la pasión. Eso sí, lo que se ve, si es placentero, se convierte instantáneamente en deseable.

 

Pero tocar es el verbo estrella de toda esta trama sexual que envuelve a las personas. Se puede hacer el amor con los ojos tapados, tener un resfriado y no oler nada y estar sordos como tapias. Pero las manos y los dedos quieren tocar y ser tocado siempre.